Nuevo mes, todo brota y vuelve a empezar. No se trata de un mes primaveral, se trata de Septiembre, el séptimo mes del año. No son las flores las que nacen. No. Son aquellas cosas que rigen nuestra vida: el colegio, la universidad, el curro... hasta la Liga empieza poco antes de Septiembre. Syyskuu (en finés) es el mes de las lamentaciones. Muchos maldicen volver al trabajo y otros cuatro millones y medio el no hacerlo. También despiertan las nuevas esperanzas y mueren las veraniegas. Este año puedes aprobar todas pero ya no te ligarás a la chica del verano.
Septiembre es un mes imponente. La Segunda Guerra Mundial comenzó y terminó en él. El atentado a las torres gemelas, la independencia de México, el temblor del 85, el golpe de estado en Chile, la Oktoberfest, la conmemoración del rey Shaka... Septiembre es un grande entre los meses, uno con grandes significados para gente por todo el mundo. Todos los meses lo son. Por eso soy partidario de cambiar la ortografía española y escribir los nombres de los meses con mayúsculas.
Cuando algo comienza algo termina. Y termina el verano.
Se acabó Madrid y regreso a miña terriña. Dejo atrás la facultad y el Mayor, y con ellos amigos y amigas, grandes momentos... el mejor año de mi vida. Después del increíble primer año universitario y del inolvidable verano 2009 me encontraba cansado y en bancarota. Empecé suspendiendo mi viaje a Amsterdam. Fue en ese momento cuando adiviné que el resto del verano sería grís, tranquilo.
Para no deprimirme marqué unos cuantos días especiales en mi calendario, y viví contando los días para dichas fechas. El primer evento especial se trataba del festival folk de Ortigueira. Esperaba ansioso acampar en la playa rodeado de una atmósfera yonki-musical que me encanta. Sin embargo cinco días antes decido a regañadientes desapuntarme del plan a favor de un viaje familiar. La cosa pintaba mal.
Sin embargo no me arrepiento. En ese viaje por toda España descubrí lo mucho que echaba de menos a mis padres, incluso a mi hermana. Y lo feliz que me hacía estar siempre enojado con ellos. Y quizás por este motivo o quizás por el maravilloso anuncio de Mahou decidí, a la vuelta, ver la final del mundial en casa con mis padres mientras la generación botellón-mp3 se emborrachaban en la plaza de María Pita. Después del ver a Casillas levantar el precioso trofeo me uní a las hordas ebrias y energúmenas. Al poco rato ya estaba tan borracho y gritaba como ellos. Tampoco me arrepiento.
Siguieron tardes en la aldea y en Coruña haciendo nada. Fingir que estudiaba, leer, tocar la guitarra... así todo un mes y medio. Por primera vez en mi vida la falta de rutina afectó mi estado anímico. Pero por fin llegó el festival Xacobeo 2010. The Right Ons, Pet Shop Boys y el los grandiosos Muse harían saltar a miles de chicas guapas. ¡Dios! ¡Cómo me gustan las chicas rock n´ roll! Guapas y con buen gusto musical. Este día fue, en todos los sentidos, inolvidable. Tardaré en olvidar el momento Supermassive Black Hole.
Transcurrido el festival el resto del verano perdió interés. Deambule como un autómata por el MTV Galicia y la fiesta de mi pueblo. Y así sin darme ni cuenta me caí en Septiembre.
Verano grís, sí, pero para recordar.
Fuerza y Honor.